A L T A C O S T U R A
Traducción libre del texto de Richard Martín & Harold Koda
En
una historia, tal vez apócrifa, Diana Vreeland(1) ordenó a un asistente
que iba a París justo después de la Segunda Guerra Mundial, que le trajera a la
vuelta una rosa artificial hecha para ornamento de alta costura. Por la calidad
de ese objeto, Vreeland sabría si la artesanía y la dedicación perduraban en
las creaciones de París. Satisfecha con su rosa de los 40s, Vreeland supo que
la alta costura renacía después de la guerra.
Durante más de un siglo, la alta costura ha sido emblema del triunfo de
la vestimenta y la moda. Representa la fusión de la MODA –entidad moderna
compuesta de novedad y sinergia con necesidades personales y sociales- y el
TRAJE –las consumadas artes de la costura, la sastrería y las artesanías
componentes del vestido y sus accesorios.
Fundada en el crisol de la invención del modernismo, a mediados del
siglo xix en París, con el patronazgo expandido cultivado por la casa de Worth(2),
pero aún dependiente del considerable apoyo de la emperatriz Eugenia de
Montijo(3) la alta costura ha representado por largo tiempo el equilibrio
moderno entre la prenda como agregado exquisito y la noción, más moderna, de la moda como
sistema.
La
leyenda de la rosa de Vreeland también sugiere la fe sincera en la alta
costura. La paloma volviendo con un ramo de olivos al arca de Noé difícilmente
haya sido mejor recibida. La persistencia de la alta costura ha sido
cuestionada, puesta en duda y debatida tanto como la supervivencia de la
pintura, o la supuesta muerte del teatro de Broadway. Estas mismas convenciones que representan más
que sus artes, se han convertido justamente en signos de la supervivencia del
arte. Algunos quizás hayan dudado que la alta costura sobreviviría a su
fundador, el emprendedor CHARLES FREDERICK WORTH, y los periódicos trastornos
de los años 1870s y 1880s. A comienzos del sgilo xx, PAUL POIRET llevó la alta
costura por un sendero de cambio abiertamente riesgoso, respondiendo a las
sirenas sociales y Orientalistas, pero aún más a la tentación del comercio y el
uso de la alta costura como un motor generador para la moda, y el perfume se
difundió ampliamente. Inicialmente, el
vanguardismo cohibido de Poiret fue atacado por la casa de Worth por no estar a
la altura de la tradición de haute couture que Worth cuidaba, pero un nuevo
siglo progresista e impulsado por las novedades fue quizás inexorable en su
avance.
Al
expandirse la alta costura en los años 1930s, los que realmente sabían hacer
prendas eligieron menoscabar a los que sólo sabían bocetarlas o imaginárselas
de alguna otra forma, iniciando una clásica batalla del arte conceptual
versus la capacidad técnica, que también es signo del siglo xx en el resto
de las artes.
Hasta
la rosa de Vreeland es una historia de costura envuelta en las circunstancias
de las otras artes visuales. Después de todo, la escuela de París en lo que
respecta a las Bellas Artes, casi había levantado el campamento durante la
guerra; uno no habría encontrado la misma seguridad –excepto las ya venerables
figuras de Picasso, Braque, Matisse- en el mundo de la pintura y
escultura. La prueba de la rosa de
Vreeland es, por supuesto, un sinécdoque (designar el todo por una de sus
partes, como cuando decimos ‘el pan’ refiriéndonos a cualquier alimento; n.del
t.), pero tiene sentido en un campo en el cual la meta es lograr la prenda
consumada, empleando las muchas artesanías perfectas que componen el
traje. Si la destreza en hacer la rosa
no se renovaba, no podía haber vestido hermoso.
Matisse, casi ciego y funcionando sólo con tijeras y papeles de color,
podía crear una obra maestra con la autonomía sublime del artista. Pero la
versión de esto en la haute couture requería no sólo la guía y voluntad del diseñador,
sino la capacidad de un grupo de ‘petites mains’ que estaban detrás de él.
Irónicamente, la alta costura florecería en el periodo de posguerra,
comenzando con la inmensa atracción popular del NEW LOOK de CHRISTIAN DIOR, en
1947. Bautizada no por Dior sino por la
editora y periodista americana Carmel Snow, que comentó con entusiasmo que Dior
la había dado una ‘nueva mirada’, esta supuesta novedad de la moda fue tan
exitosa en parte porque conocía precisamente su historia, y convocó las mejores
técnicas de la alta costura. En los años económicamente potentes de fines de
los 40s y 50s, el renacimiento de la alta costura, apoyado por muchas clientas
americanas, fue una conexión significativa entre el mundo del ‘siglo americano’
y la tradición de la couture. Aún en los
60s, mientras los mares del cambio de la sociedad post-industrial barrían el
globo e impulsaban una marea de cambios sociales, la alta costura permaneció en
su lugar como una luz guía de la moda.
Aseguró firmemente las posibilidades establecidas mucho antes por
Poiret, Chanel y Jean Patou, de permitir que las resonancias del diseño de
alta costura proveyeran una estructura económica para las prácticas de la alta
costura. La supuesta disminución de la couture en los turbulentos años de
fines de los 60s y en los 70s, ha probado no ser la caida de esta forma de
arte, sino su sistema perdurable, al anexar cultura visual popular y explotar
éxitos populares.
Algunos han sido tentados en los 90s a predecir la declinación y caida
de la alta costura una vez más. La profecía es, por juicio histórico,
improbable. En una época de circunstancias económicas reducidas y la creencia
en el consumo de ropa que ha sido sacudida, toda la moda se ve
escudriñada. Pero lo que ofrece la alta
costura : DISTINCIÓN EN EL DISEÑO Y LA TÉCNICA,
sigue siendo una fuerza apabullante, aún más potente cuando muchas otras
cualidades se han atrofiado. Como todas
las artes visuales, la alta costura ha evolucionado en los últimos cien años,
pero no parece más destinada a la extinción
que el medio que Mondrian hizo absoluto (la pintura), o las formas que
Brancusi destiló (la escultura). Por el
contrario, la alta costura es conducida desenfadadamente por sus aspiraciones a
la diferenciación, y en eso tenemos una antorcha para días oscuros. Que, particularmente en 1995 hubo un
profundo interés en observar la alta costura, es testimonio del valor de la
alta costura como fuerza inspiradora.
Globalmente, el interés por el redescubrimiento de la sastrería
impecable y las posibilidades de prendas espléndidas en tiempos extravagantes
está inexorablemente guiado de nuevo por la alta costura, no intentando ser
soberana o dictatorial como lo fue una vez, al dirigir todos los standards de
la moda, sino al dar un ejemplo por el cual nuestra cultura visual se galvaniza
y se hace responsable de la calidad.
Hoy,
la alta costura no es ni arrogante ni anticuada. Es un ensayo estético en el cual habilidades
admiradas y extraordinarias continúan practicándose en servicio de una edad
moderna. Sigue siendo una disciplina de la mayor imaginación, irresponsable
en los costos, con la paradoja de ser la moda más conocedora de sus
clientes ideales. Es, como al empezar, un sueño de calidad en una era de
industria. La alta costura insiste
en ofrecernos un ejemplo de la más hermosa ropa que se pueda imaginar y hacer
en cualquier época.
H I S
T O R I A :
La historia de la alta costura
comienza con dos circunstancias extraordinarias. Su fundador es CHARLES
FREDERICK WORTH, un inglés, aunque su destino es siempre París. La alta costura se fundó en la misma época
en que se inventó la máquina de coser. Con la aparición de una tecnología
creciente, surgió un arte de técnicas manuales a fin de establecer una
diferenciación asociada con un antiguo orden. Lo que habían sido las habilidades
particulares de costura y sastrería al servicio de clientes individuales, y en
algunos casos para prendas parcialmente combinadas o ya hechas, se convirtió en
una empresa independiente, que respondía a clientes pero tenía su
iniciativa en los conceptos del diseñador de modas, ahora ya no artesano del
estado o patrono, sino un creador viablemente independiente.
Aún
más, que la alta costura naciera en el mismo lugar y tiempos que el arte
moderno, en el contexto de Manet y Baudelaire, no puede ser mera
coincidencia. El nuevo público que
decretó un arte transfigurado, también requirió una nueva moda destinada no
a reuniones de la corte, sino a los intercambios visibles del boulevard, la
ópera, hasta los cafés. La historia
de la alta costura está desde el comienzo estrechamente alineada con la
historia del arte moderno. La opulencia expresiva del vestido del siglo xix,
familiar en pinturas de época de tan agudos observadores de la moda como Degas,
Manet y Seurat , representaba el espectáculo visual que cautivaba al movimiento
moderno en su interés por la vida urbana y la vida emocional de los individuos.
Las formas que se desarrollaron a partir de las burbujas de crinolina
originales de Worth, quizás fueron siempre estructuras en busca de la
liviandad sin esfuerzo de la modernidad, que él había atrapado tan
instintivamente en los 1850s y 60s.
Al
igual que el agresivo fracturar el mundo obra del Cubismo y el Futurismo, la
alta costura fue dramáticamente puesta en tela de juicio y cambió en las
primeras décadas del siglo xx. Como
todos los otros fenómenos del siglo, la alta costura se bifurcó en los
caminos conservador por un lado, y vanguardista por otro, para volver a reunirse sólo en los
años 1970s. Este cisma, deliberadamente
precipitado por Poiret luego que lo despidieron de la casa de Worth, ha llevado
a tantos malentendidos de la moda como ha pasado en otras artes
visuales. Es difícil describir a CALLOT
SOEURS (Hnas. Callot) como conservadoras o radicales, tan profundamente
combinados y compatibles son los rasgos de cada polo. Del mismo modo, sería difícil pensar en
JEANNE LANVIN sin su aspecto arriesgado, ambicioso, avanzado, pero es
igualmente cierto que practicó una cierta etiqueta a la vez, así como el
radicalismo de Marcel Duchamp (en el arte) era acompañado de un estilo dandy e
intelectual no siempre asociado con la insurrección estética. La orgullosa invención de Poiret de nuevas
formas, dependientes de las convenciones orientalistas de envolver el cuerpo
más o menos como un cilindro dócil, tomó la misma posición agresiva de la
reconstitución del Cubismo del mundo visual en una primacía de formas ya
sabiamente observadas por las generaciones previas de artistas. Poiret agregó a la alta costura una
posibilidad de extrema novedad y posición vanguardista, ya sea en la sorpresa
de un desfile de maniquíes como prototipo del desfile de modas, o la
reconfiguración del atuendo con su alarde de haber eliminado la tiranía del
corset. Pero un arte que especula en el
mundo visual y que se pone en el rol de ver y ser visto en ese mundo, nunca
olvida sus opciones conservadoras y socializadoras aún cuando emerge la
posibilidad de formas avanzadas y ambición conceptual.
Así,
la constante ambigüedad de la couture del siglo xx entre convención y cambio,
responde a las posiciones del arte en la misma era. Las exploraciones e innovaciones de MADELEINE
VIONNET, JEANNE LANVIN, GABRIELLE CHANEL y otros, son alimentadas por los
objetivos y necesidades del artista, surgiendo de la costura y sastrería o de
las necesidades sociales del vestido. Ningún diseñador ha sido totalmente
conceptual o totalmente artesanal. Cuando los principios formales tenían la
primacía, la convención social efectuada a través de la ropa nunca estuvo
completamente ausente. El placer de
Chanel en el proceso y prácticas de la alta costura pueden haber sido
secundarios para su atrapante pintura de la sociedad, pero ambos principios
fueron efectivos en su ropa. En forma similar, ALIX GRES ejemplificó al
escultor absorbido por la técnica, pero estuvo inevitablemente al servicio del
neoclasicismo de los 20s y 30s y la imagen contemporánea de mujeres
poderosas. El surrealismo de ELSA
SCHIAPARELLI puede ser un arte expropiado, mientras que el arte de Vionnet se
comprende dentro de la estructura de la prenda, sin embargo cada una descubre
su arte individual del vestido.
En la
dialéctica entre DIOR y CRISTÓBAL BALENCIAGA en los años de posguerra, hay una
disparidad similar en sensibilidad, a pesar del profundo sentido de ambos de la
costura como arte. El elegante sentido del sublime femenino de uno, y la
fuerte sensibilidad a un nuevo lujo y confianza en sí, garantizaron obras
que eran distintas pero curiosamente complementarias. Así como el arte se movió por sí mismo del
cielo de la abstracción a la cacofonía comercial en los 1960s, también la moda
se dirigió cada vez más hacia la energía poderosa de la cultura popular. Pero la cultura popular y el arte sólo
probaron que alimentaban la excitación de la alta costura, con la ingenuidad de
diseñadores como PIERRE CARDIN e YVES SAINT LAURENT usando para la couture los
gestos más contemporáneos y hasta aparentemente rebeldes.
GABRIELLE CHANEL:
El ‘pequeño
vestido negro’, arquetipo de la propensión de la ropa al trastocamiento
social y el cambio político, toma el hasta entonces plebeyo material del jersey
como un campo posible para terminaciones a la moda. En todos sus detalles, un
material simple se vuelve elegante a través de una técnica superior: la faja,
el plisado y el dobladillo de la falda, y el cinturón cosido a mano, epitomizan
la pobreza del lujo, un lujo más agudamente sentido entre las
penurias. Las apropiaciones similares
que hizo Chanel de prendas de montar y ropa de hombre demuestran la misma
tendencia a encontrar utilidad y refinar el motivo práctico a través de una
ejecución ejemplar. Al tomar prestados
tales aspectos del traje, inevitablemente traía el aura de la asociación
original –hasta el uniforme de servicio- como un toque para el nuevo fin.
A
T E L
I E R :
La
casa de alta costura (maison) se compone habitualmente de dos partes:
una dedicada a la costura (FLOU) y la
otra a la sastrería (TAILLEUR) de trajes y sacos.
El diseñador es asistido a menudo por un modelista, su segundo en
tareas de diseño, que trabaja con ambos talleres y en particular con los
proveedores de telas.
Trabajadoras
diestras en cada área practican las artes propias del sector. Los adornos y
accesorios se agregan cada vez más como decoración aplicada, frecuentemente
proveniente de fuentes externas a la maison. Sin embargo, aparte de los
adornos, la casa de alta costura moderna es un salón completamente autónomo de
dedicados talleres. De hecho,
sorprendentemente, considerando las elegantes ubicaciones de la mayoría de las
casas de alta costura, la creación de las prendas tiene lugar en las maisons
particulieres de la casa. De esa manera están
bajo la diaria supervisión del diseñador así como en íntima conexión con
las vendedoras y otros miembros del personal gerencial .
Dependiendo del diseñador, el PROCESO DE DISEÑO puede comenzar con bocetos,
o con una muselina o toile, fruncido y cortado.
Las
artesanías de la alta costura que hay en la casa son esenciales para su
creación. Cada parte del atelier tiene
un premiere d’atelier, que trabaja para traducir el boceto o la toile en
un diseño terminado. Tradicionalmente, cada atelier tenía una rigurosa jerarquía
de primeras manos, segundas manos, y aprendices. Sólo a las primeras manos se les permite
convencionalmente trabajar en un diseño nuevo.
Las pruebas, tanto en sastrería como en vestidos, son
indudablemente parte del valor de la alta costura. Un diseñador o su probadora de confianza
conducirá al cliente en una serie de pruebas para definir los ajustes precisos
de la prenda al talle y sensación de confort del individuo. El cliente es
guiado cuidadosamente en ese proceso por una vendeuse, que es una
vendedora muy conocedora.
La
alta costura depende del planeamiento de una prenda que es ideal en la visión
del creador y que se puede traducir a las exigencias específicas y silueta del
cliente. Charles F. Worth estableció la
tradición que separó a su empresa de la costura: mostró colecciones cada medio año,
permitiendo a las prendas ser su enunciado estético y al cliente elegir entre
los diseños disponibles. Así, los
diseñadores han permitido las menores modificaciones en vestidos, o los ajustes
de la sastrería para adaptar una forma perfecta a las necesidades del cuerpo
humano. La sutileza de Vionnet o Gres en
los vestidos incorporaba al diseño perfecto los posibles ajustes que hacen al
vestido adecuado al cliente. La alta costura
es como la arquitectura; dependiente de la sinergia entre cliente y arquitecto
para la realización de un proyecto pero siempre conocedores del paisaje y las
características físicas existentes. De
manera parecida, la prenda de couture es una compleción de ideas mutuamente
concordantes que confluyen y se forjan sobre el cuerpo humano.
La
esencia de la sastrería es la simulación de la línea sobre el cuerpo
tridimensional, mientras que la substancia del flou (hechura de vestidos) es
encontrar una forma escultural en los materiales blandos de la ropa. La sastrería es plana, trabaja con una tela
relativamente firme. La costura/flou
corresponde a la articulación de la forma a partir de la manipulación de
géneros más flexibles. La sastrería
trabaja cortando los segmentos que constituyen el MOLDE, mientras que la
costura/flou logra su efecto a través de los PLIEGUES. Si bien las metas de
estas técnicas no son mutuamente excluyentes, producen dos formas distintas de
prenda, ambas capaces de satisfacer el ideal del diseñador y ambas capaces de
un perfecto ajuste al cliente.
T E C
N I C A
:
El
trabajo de Diderot (la ‘Enciclopedia’, siglo xviii) al delinear los metiers al
servicio del vestido anticipa su rol perdurable en las nacientes casas de alta
costura de mediados del siglo xix.
Afuera de las maisons de couture, gobernadas por los diseñadores, están
los muchos talleres de oficios de la moda que constituyen elementos esenciales
de la alta costura. Hemos elegido indicar sólo los métiers que se aplican
directamente sobre la prenda. El lenguaje completo, con todos los accesorios y
complementos de la alta costura depende, por supuesto, de un gran cuerpo de
artesanos subordinados: guanteros, joyeros, artesanos del esmalte y nácar,
sobrereras, peinadores, zapateros y peleteros.
Como el maestro bordador FRANCOIS LESAGE señaló: ‘la humilde entrada de
empleados se abre directamente a la alfombra roja que lleva a las alturas de la
alta costura’. Son, como Diderot
catalogó y racionalizó para una herencia incierta, las artes que hacen posible
y los dones verdaderos de la alta costura.
Las maestrías de taller distinguen a la alta costura de otras artes
visuales. Bordados que pueden ser una
fingida muestra de joyería sobre un vestido o recrear una pintura sobre la
tela, y trabajos con pluma que perfeccionan la naturaleza al articular la forma
de cada pluma, otorgan a la couture un control absoluto fundamentado en
artesanías antiguas. La larga dinámica de la relación entre los especialistas
de la alta costura y los diseñadores ha sido que estos últimos a menudo imponen
tareas que podrían parecer un desafío para las posibilidades del oficio, pero
eso reditúa en una exhibición de destreza.
En realidad, una muestra del que hace encajes o del bordador puede a
menudo ser fuente de inspiración para el diseñador. No se puede imaginar a Schiaparelli
separadamente de los bordados de Lesage o a Lanvin sin la tradición en plumería
de Lemarié.
Cuando LUCIEN LELONG, presidente
de la CHAMBRE SYNDICALE durante la
Segunda Guerra, fue intimado por las
autoridades nazis a transportar la alta costura a Berlin, respondió que tal
mudanza era imposible a causa de la sinergia entre los couturiers y talleres de
artesanos. Haber llevado la alta costura
a Berlín habría significado mudar cientos de ateliers, y así el plan del Fuhrer
fue frustrado. París ha seguido siendo
el epicentro de la alta costura desde los tiempos de Worth, no a causa de un
terco nacionalismo sino a causa de una tradición duradera de recursos
creativos, humanos y físicos. Los diseñadores de otras partes del mundo han
entrado en la alta costura como una práctica y una profesión, respetando a
París como su corazón. Aún cuando la
couture cambia en sensibilidad desde la ostentación a la moderación elegante,
como en nuestro tiempo, o al reemplazar materiales familiares por nuevos
experimentos técnicos, la práctica del lujo continúa sostenida por las habilidades
manuales que hablan por sí mismas de maestría, sutileza y etiqueta.
Lo que
distingue a la prenda de couture de una pieza de pret-a-porter es el trabajo
manual, funcionando no como aumento del lujo, sino como una aptitud intrínseca
a la prenda. Así, el bordado, el
encaje y las plumas no son decoraciones que terminan las prendas, sino sus
mismos principios, los elementos de la creación que son matriz del proceso de
diseño. aunque se practique fuera de las casas de couture, el trabajo de
los viejos métiers de Diderot es inherente a los diseños de la alta
costura.
ELSA SCHIAPARELLI:
Introduciendo temas siniestros y de inspiración surrealista en las artes
del bordado, Schiaparelli creó un arte de conceptualismo y concuspicencia.
Botones-cigarra son una decoración de belleza ambigua o compleja, al igual que
las flores de Schiap en ‘ambar’. Conocida por colaborar con Dalí y Jean
Cocteau, también era capaz de crear su propio surrealismo idiosincrático
independiente de estos artistas.





