miércoles, 17 de abril de 2013

apunte sobre haute couture



A L T A   C O S T U R A 

Traducción libre del texto de Richard Martín & Harold Koda


    En una historia, tal vez apócrifa, Diana Vreeland(1) ordenó a un asistente que iba a París justo después de la Segunda Guerra Mundial, que le trajera a la vuelta una rosa artificial hecha para ornamento de alta costura. Por la calidad de ese objeto, Vreeland sabría si la artesanía y la dedicación perduraban en las creaciones de París. Satisfecha con su rosa de los 40s, Vreeland supo que la alta costura renacía después de la guerra.
    Durante más de un siglo, la alta costura ha sido emblema del triunfo de la vestimenta y la moda. Representa la fusión de la MODA –entidad moderna compuesta de novedad y sinergia con necesidades personales y sociales- y el TRAJE –las consumadas artes de la costura, la sastrería y las artesanías componentes del vestido y sus accesorios.   Fundada en el crisol de la invención del modernismo, a mediados del siglo xix en París, con el patronazgo expandido cultivado por la casa de Worth(2), pero aún dependiente del considerable apoyo de la emperatriz Eugenia de Montijo(3) la alta costura ha representado por largo tiempo el equilibrio moderno entre la prenda como agregado exquisito y la  noción, más moderna, de la moda como sistema.
   La leyenda de la rosa de Vreeland también sugiere la fe sincera en la alta costura. La paloma volviendo con un ramo de olivos al arca de Noé difícilmente haya sido mejor recibida. La persistencia de la alta costura ha sido cuestionada, puesta en duda y debatida tanto como la supervivencia de la pintura, o la supuesta muerte del teatro de Broadway.  Estas mismas convenciones que representan más que sus artes, se han convertido justamente en signos de la supervivencia del arte. Algunos quizás hayan dudado que la alta costura sobreviviría a su fundador, el emprendedor CHARLES FREDERICK WORTH, y los periódicos trastornos de los años 1870s y 1880s. A comienzos del sgilo xx, PAUL POIRET llevó la alta costura por un sendero de cambio abiertamente riesgoso, respondiendo a las sirenas sociales y Orientalistas, pero aún más a la tentación del comercio y el uso de la alta costura como un motor generador para la moda, y el perfume se difundió ampliamente.  Inicialmente, el vanguardismo cohibido de Poiret fue atacado por la casa de Worth por no estar a la altura de la tradición de haute couture que Worth cuidaba, pero un nuevo siglo progresista e impulsado por las novedades fue quizás inexorable en su avance.
    Al expandirse la alta costura en los años 1930s, los que realmente sabían hacer prendas eligieron menoscabar a los que sólo sabían bocetarlas o imaginárselas de alguna otra forma, iniciando una clásica batalla del arte conceptual versus la capacidad técnica, que también es signo del siglo xx en el resto de las artes.
    Hasta la rosa de Vreeland es una historia de costura envuelta en las circunstancias de las otras artes visuales. Después de todo, la escuela de París en lo que respecta a las Bellas Artes, casi había levantado el campamento durante la guerra; uno no habría encontrado la misma seguridad –excepto las ya venerables figuras de Picasso, Braque, Matisse- en el mundo de la pintura y escultura.  La prueba de la rosa de Vreeland es, por supuesto, un sinécdoque (designar el todo por una de sus partes, como cuando decimos ‘el pan’ refiriéndonos a cualquier alimento; n.del t.), pero tiene sentido en un campo en el cual la meta es lograr la prenda consumada, empleando las muchas artesanías perfectas que componen el traje.  Si la destreza en hacer la rosa no se renovaba, no podía haber vestido hermoso.  Matisse, casi ciego y funcionando sólo con tijeras y papeles de color, podía crear una obra maestra con la autonomía sublime del artista. Pero la versión de esto en la haute couture requería no sólo la guía y voluntad del diseñador, sino la capacidad de un grupo de ‘petites mains’ que estaban detrás de él. 
       Irónicamente, la alta costura florecería en el periodo de posguerra, comenzando con la inmensa atracción popular del NEW LOOK de CHRISTIAN DIOR, en 1947.  Bautizada no por Dior sino por la editora y periodista americana Carmel Snow, que comentó con entusiasmo que Dior la había dado una ‘nueva mirada’, esta supuesta novedad de la moda fue tan exitosa en parte porque conocía precisamente su historia, y convocó las mejores técnicas de la alta costura. En los años económicamente potentes de fines de los 40s y 50s, el renacimiento de la alta costura, apoyado por muchas clientas americanas, fue una conexión significativa entre el mundo del ‘siglo americano’ y la tradición de la couture.  Aún en los 60s, mientras los mares del cambio de la sociedad post-industrial barrían el globo e impulsaban una marea de cambios sociales, la alta costura permaneció en su lugar como una luz guía de la moda.  Aseguró firmemente las posibilidades establecidas mucho antes por Poiret, Chanel y Jean Patou, de permitir que las resonancias del diseño de alta costura proveyeran una estructura económica para las prácticas de la alta costura. La supuesta disminución de la couture en los turbulentos años de fines de los 60s y en los 70s, ha probado no ser la caida de esta forma de arte, sino su sistema perdurable, al anexar cultura visual popular y explotar éxitos populares.
   Algunos han sido tentados en los 90s a predecir la declinación y caida de la alta costura una vez más. La profecía es, por juicio histórico, improbable. En una época de circunstancias económicas reducidas y la creencia en el consumo de ropa que ha sido sacudida, toda la moda se ve escudriñada.  Pero lo que ofrece la alta costura : DISTINCIÓN EN EL DISEÑO Y LA TÉCNICA,  sigue siendo una fuerza apabullante, aún más potente cuando muchas otras cualidades se han atrofiado.  Como todas las artes visuales, la alta costura ha evolucionado en los últimos cien años, pero no parece más destinada a la extinción  que el medio que Mondrian hizo absoluto (la pintura), o las formas que Brancusi destiló (la escultura).  Por el contrario, la alta costura es conducida desenfadadamente por sus aspiraciones a la diferenciación, y en eso tenemos una antorcha para días oscuros.      Que, particularmente en 1995 hubo un profundo interés en observar la alta costura, es testimonio del valor de la alta costura como fuerza inspiradora.  Globalmente, el interés por el redescubrimiento de la sastrería impecable y las posibilidades de prendas espléndidas en tiempos extravagantes está inexorablemente guiado de nuevo por la alta costura, no intentando ser soberana o dictatorial como lo fue una vez, al dirigir todos los standards de la moda, sino al dar un ejemplo por el cual nuestra cultura visual se galvaniza y se hace responsable de la calidad.
    Hoy, la alta costura no es ni arrogante ni anticuada.  Es un ensayo estético en el cual habilidades admiradas y extraordinarias continúan practicándose en servicio de una edad moderna. Sigue siendo una disciplina de la mayor imaginación, irresponsable en los costos, con la paradoja de ser la moda más conocedora de sus clientes ideales. Es, como al empezar, un sueño de calidad en una era de industria.  La alta costura insiste en ofrecernos un ejemplo de la más hermosa ropa que se pueda imaginar y hacer en cualquier época.

H  I  S  T  O  R  I  A :
      La historia de la alta costura comienza con dos circunstancias extraordinarias. Su fundador es CHARLES FREDERICK WORTH, un inglés, aunque su destino es siempre París.  La alta costura se fundó en la misma época en que se inventó la máquina de coser. Con la aparición de una tecnología creciente, surgió un arte de técnicas manuales a fin de establecer una diferenciación asociada con un antiguo orden.  Lo que habían sido las habilidades particulares de costura y sastrería al servicio de clientes individuales, y en algunos casos para prendas parcialmente combinadas o ya hechas, se convirtió en una empresa independiente, que respondía a clientes pero tenía su iniciativa en los conceptos del diseñador de modas, ahora ya no artesano del estado o patrono, sino un creador viablemente independiente.
   Aún más, que la alta costura naciera en el mismo lugar y tiempos que el arte moderno, en el contexto de Manet y Baudelaire, no puede ser mera coincidencia.  El nuevo público que decretó un arte transfigurado, también requirió una nueva moda destinada no a reuniones de la corte, sino a los intercambios visibles del boulevard, la ópera, hasta los cafés.  La historia de la alta costura está desde el comienzo estrechamente alineada con la historia del arte moderno. La opulencia expresiva del vestido del siglo xix, familiar en pinturas de época de tan agudos observadores de la moda como Degas, Manet y Seurat , representaba el espectáculo visual que cautivaba al movimiento moderno en su interés por la vida urbana y la vida emocional de los individuos. Las formas que se desarrollaron a partir de las burbujas de crinolina originales de Worth, quizás fueron siempre estructuras en busca de la liviandad sin esfuerzo de la modernidad, que él había atrapado tan instintivamente en los 1850s y 60s.
    Al igual que el agresivo fracturar el mundo obra del Cubismo y el Futurismo, la alta costura fue dramáticamente puesta en tela de juicio y cambió en las primeras décadas del siglo xx.  Como todos los otros fenómenos del siglo, la alta costura se bifurcó en los caminos conservador por un lado, y vanguardista por  otro, para volver a reunirse sólo en los años 1970s.  Este cisma, deliberadamente precipitado por Poiret luego que lo despidieron de la casa de Worth, ha llevado a tantos malentendidos de la moda como ha pasado en otras artes visuales.  Es difícil describir a CALLOT SOEURS (Hnas. Callot) como conservadoras o radicales, tan profundamente combinados y compatibles son los rasgos de cada polo.  Del mismo modo, sería difícil pensar en JEANNE LANVIN sin su aspecto arriesgado, ambicioso, avanzado, pero es igualmente cierto que practicó una cierta etiqueta a la vez, así como el radicalismo de Marcel Duchamp (en el arte) era acompañado de un estilo dandy e intelectual no siempre asociado con la insurrección estética.  La orgullosa invención de Poiret de nuevas formas, dependientes de las convenciones orientalistas de envolver el cuerpo más o menos como un cilindro dócil, tomó la misma posición agresiva de la reconstitución del Cubismo del mundo visual en una primacía de formas ya sabiamente observadas por las generaciones previas de artistas.  Poiret agregó a la alta costura una posibilidad de extrema novedad y posición vanguardista, ya sea en la sorpresa de un desfile de maniquíes como prototipo del desfile de modas, o la reconfiguración del atuendo con su alarde de haber eliminado la tiranía del corset.  Pero un arte que especula en el mundo visual y que se pone en el rol de ver y ser visto en ese mundo, nunca olvida sus opciones conservadoras y socializadoras aún cuando emerge la posibilidad de formas avanzadas y ambición conceptual.
   Así, la constante ambigüedad de la couture del siglo xx entre convención y cambio, responde a las posiciones del arte en la misma era.  Las exploraciones e innovaciones de MADELEINE VIONNET, JEANNE LANVIN, GABRIELLE CHANEL y otros, son alimentadas por los objetivos y necesidades del artista, surgiendo de la costura y sastrería o de las necesidades sociales del vestido. Ningún diseñador ha sido totalmente conceptual o totalmente artesanal. Cuando los principios formales tenían la primacía, la convención social efectuada a través de la ropa nunca estuvo completamente ausente.  El placer de Chanel en el proceso y prácticas de la alta costura pueden haber sido secundarios para su atrapante pintura de la sociedad, pero ambos principios fueron efectivos en su ropa. En forma similar, ALIX GRES ejemplificó al escultor absorbido por la técnica, pero estuvo inevitablemente al servicio del neoclasicismo de los 20s y 30s y la imagen contemporánea de mujeres poderosas.  El surrealismo de ELSA SCHIAPARELLI puede ser un arte expropiado, mientras que el arte de Vionnet se comprende dentro de la estructura de la prenda, sin embargo cada una descubre su arte individual del vestido.
    En la dialéctica entre DIOR y CRISTÓBAL BALENCIAGA en los años de posguerra, hay una disparidad similar en sensibilidad, a pesar del profundo sentido de ambos de la costura como arte. El elegante sentido del sublime femenino de uno, y la fuerte sensibilidad a un nuevo lujo y confianza en sí, garantizaron obras que eran distintas pero curiosamente complementarias.  Así como el arte se movió por sí mismo del cielo de la abstracción a la cacofonía comercial en los 1960s, también la moda se dirigió cada vez más hacia la energía poderosa de la cultura popular.  Pero la cultura popular y el arte sólo probaron que alimentaban la excitación de la alta costura, con la ingenuidad de diseñadores como PIERRE CARDIN e YVES SAINT LAURENT usando para la couture los gestos más contemporáneos y hasta aparentemente rebeldes.
GABRIELLE CHANEL: 
    El ‘pequeño vestido negro’, arquetipo de la propensión de la ropa al trastocamiento social y el cambio político, toma el hasta entonces plebeyo material del jersey como un campo posible para terminaciones a la moda. En todos sus detalles, un material simple se vuelve elegante a través de una técnica superior: la faja, el plisado y el dobladillo de la falda, y el cinturón cosido a mano, epitomizan la pobreza del lujo, un lujo más agudamente sentido entre las penurias.  Las apropiaciones similares que hizo Chanel de prendas de montar y ropa de hombre demuestran la misma tendencia a encontrar utilidad y refinar el motivo práctico a través de una ejecución ejemplar.  Al tomar prestados tales aspectos del traje, inevitablemente traía el aura de la asociación original –hasta el uniforme de servicio- como un toque para el nuevo fin.

A   T  E  L  I  E  R :
       La casa de alta costura (maison) se compone habitualmente de dos partes: una dedicada a la costura (FLOU)  y la otra a la sastrería (TAILLEUR) de trajes y sacos.
        El diseñador es asistido a menudo por un modelista, su segundo en tareas de diseño, que trabaja con ambos talleres y en particular con los proveedores de telas.      
       Trabajadoras diestras en cada área practican las artes propias del sector. Los adornos y accesorios se agregan cada vez más como decoración aplicada, frecuentemente proveniente de fuentes externas a la maison. Sin embargo, aparte de los adornos, la casa de alta costura moderna es un salón completamente autónomo de dedicados talleres.  De hecho, sorprendentemente, considerando las elegantes ubicaciones de la mayoría de las casas de alta costura, la creación de las prendas tiene lugar en las maisons particulieres de la casa. De esa manera están  bajo la diaria supervisión del diseñador así como en íntima conexión con las vendedoras y otros miembros del personal gerencial .  
   Dependiendo del diseñador, el PROCESO DE DISEÑO puede comenzar con bocetos, o con una muselina o toile, fruncido y cortado.
   Las artesanías de la alta costura que hay en la casa son esenciales para su creación.  Cada parte del atelier tiene un premiere d’atelier, que trabaja para traducir el boceto o la toile en un diseño terminado. Tradicionalmente, cada atelier tenía una rigurosa jerarquía de primeras manos, segundas manos, y aprendices.  Sólo a las primeras manos se les permite convencionalmente trabajar en un diseño nuevo.  Las pruebas, tanto en sastrería como en vestidos, son indudablemente parte del valor de la alta costura.  Un diseñador o su probadora de confianza conducirá al cliente en una serie de pruebas para definir los ajustes precisos de la prenda al talle y sensación de confort del individuo. El cliente es guiado cuidadosamente en ese proceso por una vendeuse, que es una vendedora muy conocedora.
     La alta costura depende del planeamiento de una prenda que es ideal en la visión del creador y que se puede traducir a las exigencias específicas y silueta del cliente.  Charles F. Worth estableció la tradición que separó a su empresa de la costura: mostró colecciones cada medio año, permitiendo a las prendas ser su enunciado estético y al cliente elegir entre los diseños disponibles.  Así, los diseñadores han permitido las menores modificaciones en vestidos, o los ajustes de la sastrería para adaptar una forma perfecta a las necesidades del cuerpo humano.  La sutileza de Vionnet o Gres en los vestidos incorporaba al diseño perfecto los posibles ajustes que hacen al vestido adecuado al cliente.  La alta costura es como la arquitectura; dependiente de la sinergia entre cliente y arquitecto para la realización de un proyecto pero siempre conocedores del paisaje y las características físicas existentes.  De manera parecida, la prenda de couture es una compleción de ideas mutuamente concordantes que confluyen y se forjan sobre el cuerpo humano.
   La esencia de la sastrería es la simulación de la línea sobre el cuerpo tridimensional, mientras que la substancia del flou (hechura de vestidos) es encontrar una forma escultural en los materiales blandos de la ropa.  La sastrería es plana, trabaja con una tela relativamente firme.   La costura/flou corresponde a la articulación de la forma a partir de la manipulación de géneros más flexibles.  La sastrería trabaja cortando los segmentos que constituyen el MOLDE, mientras que la costura/flou logra su efecto a través de los PLIEGUES. Si bien las metas de estas técnicas no son mutuamente excluyentes, producen dos formas distintas de prenda, ambas capaces de satisfacer el ideal del diseñador y ambas capaces de un perfecto ajuste al cliente.

T  E  C  N  I  C  A  :
      El trabajo de Diderot (la ‘Enciclopedia’, siglo xviii) al delinear los metiers al servicio del vestido anticipa su rol perdurable en las nacientes casas de alta costura de mediados del siglo xix.  Afuera de las maisons de couture, gobernadas por los diseñadores, están los muchos talleres de oficios de la moda que constituyen elementos esenciales de la alta costura. Hemos elegido indicar sólo los métiers que se aplican directamente sobre la prenda. El lenguaje completo, con todos los accesorios y complementos de la alta costura depende, por supuesto, de un gran cuerpo de artesanos subordinados: guanteros, joyeros, artesanos del esmalte y nácar, sobrereras, peinadores, zapateros y peleteros.  Como el maestro bordador FRANCOIS LESAGE señaló: ‘la humilde entrada de empleados se abre directamente a la alfombra roja que lleva a las alturas de la alta costura’.  Son, como Diderot catalogó y racionalizó para una herencia incierta, las artes que hacen posible y los dones verdaderos de la alta costura.
    Las maestrías de taller distinguen a la alta costura de otras artes visuales.  Bordados que pueden ser una fingida muestra de joyería sobre un vestido o recrear una pintura sobre la tela, y trabajos con pluma que perfeccionan la naturaleza al articular la forma de cada pluma, otorgan a la couture un control absoluto fundamentado en artesanías antiguas. La larga dinámica de la relación entre los especialistas de la alta costura y los diseñadores ha sido que estos últimos a menudo imponen tareas que podrían parecer un desafío para las posibilidades del oficio, pero eso reditúa en una exhibición de destreza.  En realidad, una muestra del que hace encajes o del bordador puede a menudo ser fuente de inspiración para el diseñador.  No se puede imaginar a Schiaparelli separadamente de los bordados de Lesage o a Lanvin sin la tradición en plumería de Lemarié.
     Cuando  LUCIEN LELONG, presidente de la CHAMBRE SYNDICALE  durante la Segunda Guerra,  fue intimado por las autoridades nazis a transportar la alta costura a Berlin, respondió que tal mudanza era imposible a causa de la sinergia entre los couturiers y talleres de artesanos.  Haber llevado la alta costura a Berlín habría significado mudar cientos de ateliers, y así el plan del Fuhrer fue frustrado.  París ha seguido siendo el epicentro de la alta costura desde los tiempos de Worth, no a causa de un terco nacionalismo sino a causa de una tradición duradera de recursos creativos, humanos y físicos. Los diseñadores de otras partes del mundo han entrado en la alta costura como una práctica y una profesión, respetando a París como su corazón.  Aún cuando la couture cambia en sensibilidad desde la ostentación a la moderación elegante, como en nuestro tiempo, o al reemplazar materiales familiares por nuevos experimentos técnicos, la práctica del lujo continúa sostenida por las habilidades manuales que hablan por sí mismas de maestría, sutileza y etiqueta.
   Lo que distingue a la prenda de couture de una pieza de pret-a-porter es el trabajo manual, funcionando no como aumento del lujo, sino como una aptitud intrínseca a la prenda.  Así, el bordado, el encaje y las plumas no son decoraciones que terminan las prendas, sino sus mismos principios, los elementos de la creación que son matriz del proceso de diseño. aunque se practique fuera de las casas de couture, el trabajo de los viejos métiers de Diderot es inherente a los diseños de la alta costura. 

ELSA SCHIAPARELLI:
  Introduciendo temas siniestros y de inspiración surrealista en las artes del bordado, Schiaparelli creó un arte de conceptualismo y concuspicencia. Botones-cigarra son una decoración de belleza ambigua o compleja, al igual que las flores de Schiap en ‘ambar’. Conocida por colaborar con Dalí y Jean Cocteau, también era capaz de crear su propio surrealismo idiosincrático independiente de estos artistas.

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